GOODIES

Os presento el supermercado donde los expatriados hacemos la compra. No penséis que está a la vuelta de la esquina, en toda la inmensa y caótica ciudad de Lagos solamente hay dos. Y no me extraña, aquí no hay inmuebles para habilitarlos como super y, además, cuesta un riñón el suelo. Imposible. Con su cuesta se podrían hacer (¡seguro!) 2 hipers en Madrid y eso que su tamaño es como el de un super pequeño en Madrid (tipo Supermercados de Madrid, Lidl o el Mercadona más pequeño). Y cómo no, son libaneses los dueños.

Caro es. Ejemplos

– 5 tomates Roma (los rojos pequeños que llamamos “en rama”), 450 grs: 6,4 euros

– 1L. aceite de oliva, suave, tipo marca blanca en España, italiano, de Génova -¿de cuando en Génova se produce aceite?-:  10 euros

– 4 rollos de papel higiénico, tamaño estándar (o sea, no super-rollo):  5.5 euros

Y ni hablar de carne o pescado fresco, café, leche, etc,etc. Un pastón. Así que esto es imposible para una compra familiar. Lo es para mi que no me estoy dando ni un capricho. Y por capricho no entendáis algo gourmet sino lo básico. latas de sardinas, una tableta de chocolate, tomates o cualquier otra cosilla de nada…

Y a todo ello añadir la propina de rigor para quien te lleva las bolsas al coche 8y eso si consigues esquivar a pedigueños discapacitados físicos u otros de variado pelaje.

Es curioso esto del personal en supers, tiendas, cafeterías, restaurantes… Hay “cienes y cienes”. Desde el que te abre la puerta (cuyo único cometido es ese) hasta todos los uniformados  (seguratas en nuestro argot. Es de lo primero que te llama la atención y piensas. ¡coño, aquí hay pleno empleo! Y no amiguitos, no. Llevan el uniforme del lugar, pero solamente cobran propinas. Por ello son super agradables y serviciales.

Volvamos al Goodies.

Llegas a caja con tu cesta de mano o carrito… oye, que si te encuentras desganao y a varios metros de la cajera, echas una mirada, frunces el entrecejo o mueves algo de tu cuerpo con cierto desdé y plás, alguno viene raudo y veloz a depositar tu compra en la cinta de caja. Si continúas con desdén, ya se encargan ellos de sacar todo del carrito, pero yo no apuro tanto. La cajera marca y mientras ellos (si es “mucha” compra -atención a las comillas- hay 2 y si poca uno solamente) van guardándolo en las bolsas. Bolsas que ellos mismos portán solícitos a tu vera. Primera paradiña, hay que entregar el ticket para que te lo rompan un pelín (ni idea el por qué de esta acción). ¿A quien? ¡Yo que sé!, siempre hay 4 ó 5 en la puerta entre seguratas y/o algún otro miembro del personal. Como siempre me entran dudas, lo que hago es extender mi mano con  el ticket y quien quiera que lo coja. Segunda paradiña, el golpe de calor te hace ralentizar aún más tu marcha…te recuperas y luego (con igual mirada de desdé) echas un rápido ojeo para ver si ves a tu chófer. Que está, te encaminas (ojo; ellos siguen pegados a tu vera) y, tranqui, ya te lo guardan en el maletero. Oyes, que el chófer no está, sacas el phone y… “Kingsley, I’m out”, proclamas con apremio e inmediatamente cuelgas (para demostrar tu clase y para no gastar, por supuesto). Ellos esperan e igualmente introducirán tius viandas en el coche. Les das las thank you y 100 Nairas a cada uno (45 cts.) ¡Thank you Sir!

Dios, te doy las gracias por no ser rico. Sería aún peor.

El Viajero accidental

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